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EL REY DEL MALECON

Reynaldo es un boricua de Nueva York. Cuarentón y todo luce mejor que muchos hombres más jóvenes que él por su maniática rutina de hacer ejercicios. Esta lo ha bendecido con un cuerpo espectacular para su edad, embellecido por un hermoso carácter siempre dispuesto a hacer nuevos amigos.

El viaja par de veces por año a Santo Domingo. Por mas que le invito quedarse en mi casa de Ciudad Nueva, el siempre prefiere un aparta-hotel que esta en los alrededores de la UASD. Nunca había reparado por que hasta este ultimo viaje, cuando sin el saberlo he seguido muy de cerca sus hazañas dignas de ser documentadas en este blog.

Desde que llegó el pasado viernes activó su “cuero-phone” como el suele llamar a un aparato celular de Orange al cual activa un chip para recibir y hacer llamadas locales, especialmente conmigo con quien se pasa casi el día entero contándome sus hazañas..

Inmediatamente como para probar que funcionaba marcó a su amigo haitiano, llamado Joseph, un vendedor de jugos colocado en una de las avenidas cerca de la universidad UTESA. Solo de oír el acento haitiano del juguero le hizo cabecear el pingón boricua que posee Reynaldo. Ha soñado con cogerse a este haitiano por varios años y hay gran probabilidad que esta vez lo consiga porque yo le dije que un haitiano entra en todo por un par de pesos. Se citó con él a las 10pm, mientras tenía que hacer las compras en el Nacional de la Gómez para llenar su refrigerador.

Como es temprano aún decide ir a caminar por lugar preferido de la ciudad: el malecón, donde ha tenido sus mejores experiencias sexuales con hombres dominicanos. Desde años anteriores tiene la rutina de trotar en las mañanas en el tramo desde el obelisco hasta la feria ganadera. Ahora en la tarde decide solo caminar un poco recibiendo el aliento vespertino del mar. Sin saberlo llega al puente improvisado en la esquina el Alma Mater con Malecón. Del lado del mar ve en el litoral unos jóvenes haitianos, quizás de unos 18 o 19, que se bañan y juguetean entre ellos detrás de una caseta de vigilancia, ignorando que están en medio de la ciudad. Cuerpos formidables, guevos impresionantes, culos torneados y redondos, piel indeleble.

El se sienta en el banquito de cemento del malecon a verlos y a fantasear con ellos. No pasa mucho tiempo sin que ellos se percaten de la presencia de Reynaldo, y tapen su desnudez. El, como hombre seguro de si mismo que es, se acerca los jovenes haitianos y les dice una de las pocas frases que el sabe en creole: YOUCOUCOU (wossosso se pronuncia), les dice mientras señala los roídos shorts. Ellos se ríen y presumen. Han entendido. Reynaldo les esta diciendo en su idioma: ustedes tienen guevos inmensos. Se despide de ellos y les hace señas que los verá en la mañana cuando corra.

Camina rumbo al súper por las construcciones lunares del metro en la Gómez, allí echa

el ojo a uno de los guardias, Santos, un dominicano formidable de grandes manos, y fornido cuerpo de unos 23 años. En su uniforme rameado se forma un bulto tentador a nivel del zipper, y su rostro de verdadero tiguere dominicano seduce al extranjero. No tarda mucho en hacer amistad con el macho, y le convence a que abandone su puesto de vigilancia del túnel del Metro y le acompañe para cargar las compras que haría en El Nacional. Le ha prometido comprar un frasco inmenso de Brugal Extra viejo para tomárselo cuando el guardia este libre al día siguiente.

Cuando llega al hotel acompañado de Santos, el guardia de rostro magnifico y cuerpo de guerrero, este le ayuda a colocar las cosas en la alacena. Cada movimiento del guardia es una sinfonía a la sexualidad brutal y prolongada. No han hablado de nada gay aun. Reynaldo tiene miedo porque el tipo viene armado de su carabina aun. Toman un par de tragos, comparten palabras vanas, y se citan para
terminar el resto de la botella al día siguiente. Antes de irse Santos toma una iniciativa prometedora de lo que será una buena singada con Brugal, y le da un tremendo abrazo a Reynaldo, quien no es perezoso para dejar que este le apriete contra la entrepierna y le haga sentir la firmeza de su “segunda carabina”. Reynaldo nervioso solo puede decir: “panal, cuando usted agarre alguien con esa carabina, seguro lo mata”. Fue ambiguo con el sexo de ese "alguien" a propósito, pero Santos, un hombre iletrado, ni se da por aludido, solo toma para si la alabanza de su miembro viril con una sonrisa inmensa, y sale de la habitación de vuelta a su puesto de vigilancia.

Han pasado unos minutos desde que Santos se ha ido del hotel de Reynaldo, cuando toca el timbre el haitiano citado, Joseph, quien llega acompañado de otro negro espectacular, su primo, de nombre Pablo. Son dos jóvenes que a cualquier dominicano comparón le pasarían desapercibidos, pero cambiados en ropa de ataque, ajustados en los muslos y glúteos, y en playera que muestran sus pechazos, estos dos jóvenes haitianos son adonis africanos para el placer del extranjero.

Los regalos traídos para Joseph, algunos regalos improvisados para Pablo, y los tragos de brugal a la roca que están tambien improvisando, sin duda llenan de lujuria a estos jóvenes haitianos. La fantasía de Reynaldo empieza a cumplirse cuando Joseph, en un movimiento inesperado, se pega por detrás a Reynaldo y con sus manotas sintoniza las tetillas de Reynaldo, quien emite desde adentro un suspiro tembloroso. Aun tenia los ojos cerrados cuando Pablo, en un movimiento tan impredecible como el de su primo, se pega de frente a Reynaldo, y con la mano le guía la cabeza para obligarlo a chulear inesperadamente. Ambos haitianos se miran amenazantes. Se arma una especie de competencia por Reynaldo, o mejor dicho competencia por lo que Reynaldo puede darles.

Cada cual hace cosas extremas para impresionar al extranjero, y descalificar al compatriota. Joseph le baja el short al boricua y le da una nalgadota en el culo y este grita de gusto. Empieza a dedearlo con sus inmensos dedos de bracero. Pablo, sin prisa, termina de chulearse al extranjero, y le baja la cabeza para que se coma el miembro marròn que ha sacado del bóxer, y cuyo cabezón apunta hacia arriba como un obelisco impío oloroso a jabón de cuaba. Reynaldo se olvida de la nalgada, y de los dedos en el culo, y gime al comerse el grueso calembo del negro.

Joseph, luchando por llamar la atención del proveedor de dólares, saca y sacude un guevo curveado pero igual de gordo que el de su primo, esta masticando menta hall de eucalipto y usa como lubricante un salivazo para su guebo. Luego sin preguntar se lo ensarta al boricua de una estocada, lo que provoca un dolor placentero y penetrante, sin dudas logra atraer la atención sobre el al abandonar Reynaldo momentáneamente la mamada que daba a Pablo gritando por el efecto mentolado de la culeada, y el alcance que tiene ese submarino de carne en las entrañas de mi amigo.

Pablo quiere recuperar su atención. Se masturba fuertemente con una mano frente a la cara de Reynaldo. Con la otra le agarra del pelo, y lo forza a ponerse frente a la ñema del negro a punto de venirse, le golpea con el guevo repetidamente las mejillas, le mete hasta la garganta el pene hinchado, y un minuto después termina echándole caños de leche en la frente y embadurnándole morbosamente cuando le restriega el ñemón por toda la cara. Accion que lejos de ofender a Reynaldo lo hace consciente del inmenso placer que esta teniendo con un gemido gutural y una arcada estomacal.

Joseph hace lo propio, y junto a la culeada que da, cada vez que saca el curveado miembro aprovecha y le mete un par de sus dedazo en el culo a Reynaldo, quien grita como perra de la Avenida Duarte. Termina echándole trallazos de leche en la espalda en una venida que solo un haitiano poseído de estamina puede darse, y Reynaldo derramando su liquido a los pies del amante con un estruendo de trueno cuando estalla.

Al finalizar ambos negros se miran de frente como enemigos. Parecen un poster de promocion de boxeadores con miradas de odio, casi estan a punto de golpearse. Cambian el rostro y se ríen cuando oyen a Reynaldo decirles, "calma amigos que hay culo para ambos, ustedes son dos increibles sementales, y ambos desde ahora mis protegidos".

Les regala $500 pesos a cada uno, prometen volver a encontrarse pronto. Antes de irse a dormir Reynaldo recibe una llamada del guardia Santos, quien le llamó para asegurar que mañana “seguro” se bebían ese romo. (Ay, ahora tengo que comprar otra botella!). Ese día Reynaldo duerme feliz, fue un primer día de viaje y fue espectacular, y apenas ha hecho una sola llamada en el cuero-phone, y ya lleva dos lechazos en conteo.

Madruga el sábado, y se va a correr al malecón para sudar el ron que ha bebido con los haitianos. Pasa por el puesto del guardia Santos pero ya el ha salido de servicio. Corre hacia el Este para ver salir el sol. Saluda a un seguridad que hay en Adrián Tropical le guiña un ojo, le sonrie y sigue en trote hasta el obelisco, ve los pescadores matutinos y se devuelve para no perder el ritmo.

Va entretenido viendo como cuelgan tantos guevos de los hombres que trotan a esa hora. Se espanta al ver un atleta orinando hacia el mar desde la altura de la fuente cibernética, al final de la Avenida Máximo Gómez, cuando le pasa por el lado y el tipo se esta sacudiendo el ripio le pita y saluda para ver si coge vergüenza. El meón le responde con una sonrisa, y voltándose le enseña una inmensa pinga que se ve apetitosa a la distancia. “hoy va a ser un gran día” se dice para si mismo.

Llega cerca de la caseta de los jóvenes haitianos a la altura del Alma Mater. Los chicos parece que han sido indiscretos. Una docena de jóvenes ahora lo esta esperando mientras hablan en su idioma. Cuando pasa frente a ellos, uno de los primeros le señala a otro y le apunta con el índice a su amigo YOUCOUCOU, YOUCOUCOU (repito que se pronuncia wossosso ), diciendo con ese gesto “este es quien lo tiene grande”. Sonríe y sigue su ejercicio. Deja de trotar y empieza a caminar sofocado.

Cuando llega al parque de las uvas de playa que esta al frente del hotel Santo Domingo, entra por la vereda. A lo lejos, ve un joven mirando hacia el mar presumiblemente un pescador, y decide acercarse para conversar. El joven no le ve, cuando se acerca es que nota que tiene los ojos cerrados, parece que esta cogiendo gusto. Reynaldo se escudriña escondiéndose entre las sombras de los árboles de uva y los cocoteros del lugar. Se encuentra con una de esas escenas indecibles.

Un jovencito de unos quince años esta mamando el guevo del joven que yo creí pescador, ambos son jóvenes, y tienen uniformes de peloteros, sin duda, son jóvenes que practican deporte en alguna liga cercana. El que mama se esconde sentado en unos de los desagües sanitarios secos del lugar. Se masturba mientras mama, tiene los ojos cerrados y degusta el rico guevo del compañero como un caramelo dominguero.

El otro, de pie pero con el pantalón de pelotero a media pierna enseñándome el lampiño culito, esta supuesto a vigilar pero esta cogiendo tanto gusto que ha cerrado los ojos y esta meneando las caderas para bombear sobre la boca del que esta mamando. Me acerco a unos diez metros de ellos, protegido por la penumbra de las matas de uvas de playa. Desde mi posición no pueden verme pero yo tengo plena visibilidad de ellos. El que esta de pie emite un grito de placer.Una venida impresionante se da uno sobre la cara del otro. El que esta sentado se acuesta de espaldas, y con la cara untada de leche también explota con un apagado gemido.

Veo como el que estaba de pie, saca una toallita y limpia la cara del otro con un paño. Luego besa al que le mamaba en agradecimiento. Noto cierta ternura en el acto. Pienso que quizas son jovenes enamorados. Parece que ellos están acostumbrado a eso, seguramente es el resultado de la lujuria juvenil reprimida por sus padres. Es lindo ver como estos niños están descubriendo el amor y la sexualidad.

Reynaldo decide volver a su hotel. Cuando pasa por la caseta del alma mater, ya no están los jóvenes haitianos, sin duda ya han empezado el día de labor. Pero ve a otro haitiano durmiendo en el arrecife, una persona mayor, quizás en sus 30s, parece una persona homeless. Durmiendo parece precioso para Reynaldo, y mas aun cuando nota la erección mañanera que a la distancia se ve tiene el individuo, otro youcouyou piensa. Demasiado para una mañana. El Rey del Malecon decide ir a casa a darse una ducha.

 

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